Qué es el chi.

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El chi se puede definir como la energía o carga electromagnética que tienen todos los objetos, la cual, además, puede ser traspasada de uno a otro.


Las personas no íbamos a ser menos, por lo que también poseemos nuestro propio chi que fluye por nuestro cuerpo transportando pensamientos, creencias y emociones.


Pues bien, debido a nuestro chi, tenemos la posibilidad de influir en otras personas o en el ambiente al proyectarse éste al exterior así como, también tenemos la posibilidad de asimilar nuevo chi.

El chi que es propio de cada uno y que atraemos al campo energético propio incluye la energía del clima, el chi de otras personas, los animales, el ambiente del hogar y la energía viva de los alimentos que consumimos. Resumiendo todo lo anterior, podemos decir que todo los que nos rodea puede alterar nuestro chi y por tanto, nuestros pensamientos haciéndolos más o menos positivos, y nuestra forma de pensar en un momento determinado. Nos guste o no, todo lo que nos rodea está conectado a nosotros.

Como ejemplo os podemos poner uno muy sencillo; en personas con depresión, se ha demostrado científicamente que el solo hecho de tener un perro como animal de compañía, acariciarlo y jugar con él, hace que el nivel de bienestar de las personas aumente de cierta manera.

Refiriéndonos a lo que nos atañe más en este blog, en las diferentes zonas de una vivienda podemos hallar diferentes cantidades y calidades de chi:

1. Puertas y ventanas.

Las puertas colocadas en linea recta puede provocar el flujo rápido de chi y hacer que sea difícil relajarse. De igual modo, sucede lo mismo con las ventanas pero en este caso el chi viene principalmente del exterior.

2. Las dimensiones de las ventanas.

A mayor tamaño de la ventana de la casa, más rápido fluirá el chi lo que conlleva, que el espacio sea un lugar más activo. Si la ventana se halla orientada hacia el sol, obtendremos un chi más vivo, ardiente y estimulante.

3. El se mueve por puertas y ventanas.

Las puertas y ventanas generan un chi de tipo horizontal que se ve acentuado en el caso de estancias o habitaciones con el techo bajo. Este chi pasa fácilmente de una persona a otra por lo que es recomendable para las reuniones sociales.

4. Los techos altos aportan chi vertical.

Las estancias de techos altos, situadas en la ladera de una colina o en lo alto de un edificio como los áticos, es más fácil sentirse individualista, tener ideas originales y atreverse a ser distinto.

5. Los techos inclinados.

En el caso de viviendas que tienen techos inclinados como las buhardillas, el chi se ve comprimido y por tanto, el pensamiento libre se ve dificultado mientras se esté sentado debajo por lo que debemos de tener en cuenta de que no es bueno para estudiar, entre otras cosas.

6. Las esquinas pronunciadas.

En este caso, se aporta un flujo de chi penetrante en dirección a donde apunta. En el caso de que punte a una cama (no recomendable) o a una silla, quizá resulte difícil dormir bien o sentirse cómodo allí.

7. Los ocupantes de la vivienda.

Como dijimos antes, las personas también influyen en el ambiente. Las peleas, la infelicidad o la violencia pueden llenar una habitación de chi negativo cargándolo de energía negativa.

Fotos vía: sgaltd
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